Javier se dio cuenta de que las tiendas que acababa de ver y le parecían prohibitivas debían de estar abiertas todavía, eran las 19:45 y se acordó de que una de las tiendas, KENZO, estaba todavía en horario comercial, ya que era la única que tenía de horario hasta las 20:30, por lo cual echo una carrera otra vez hasta la calle de Serrano y entro como un torbellino en la tienda, siendo recibido por un chaval joven, con acento del sur, y un poco afeminado para su gusto, más rudimentario en lo que a hombres se refiere.
-Hola ,me llamo Sebastián, en que puedo ayudarle?
-Mire, tengo poco tiempo y dinero para gastar, quiero que me convierta en menos de media hora en todo un caballero
-Esta usted en el sitio correcto señor......
-Javier, me llamo Javier, y puedes tutearme
-Encantado Javier, y dime, que idea tienes de ser un caballero?
-Pues exactamente no lo se,solo se que necesito parecer de la alta sociedad
-Pero para eso no necesitas solo un traje!
-Tu vendeme un buen traje que del resto ya me encargo yo
-Y tienes idea de cuanto te puedes o quieres gastar?
-Lo que sea, solo quiero que sea elegante
-Pues aquí estas bien situado para ser elegante, acompáñame
Javier le acompañó hacia una zona privada en la que estaba toda la sección de sastrería masculina, y le sentó en un sofá de cuero blanco, acorde con la decoración de toda la tienda. Se notaba donde se había metido, ya que esos sofás, espejos y cuadros enmarcados en plata eran sinónimo de que ahí la ropa que se vendía ni era para quinceañeros hormonados, ni estaban las camisetas amontonadas en un cubo a la espera de que cuatro amas de casa se pegasen de bofetadas por ellas; allí toda la ropa estaba perfectamente acomodada en perchas, en estantes de madera oscura, y todas guardaban una secuencia lógica: a un lado todas las camisas, ordenadas por colores, estampados, y tamaños posibles, seguido de los pantalones, blaziers y los abrigos; en otro estante quedaban los zapatos, también ordenados por material, precio y color, y en una vitrina cerrada con llave los relojes, pulseras, colgantes, y demás accesorios, a cada cual más elegante, y caro. En cuanto le sentó y le sirvió un café, porque para eso determinadas marcas prestan aún más atención a los pequeños detalles, le saco un rosario de trajes , cada uno de un estilo, cada uno de una manera, a lo cual Javier eligió el más discreto de todos, uno negro que llevaba una banda blanca en las mangas y en la solapa; lo acompañó con unos zapatos negros brillantes y un reloj de gran esfera.
-Desde Julia Roberts no había visto nada igual
-Te sientes PRETTY WOMAN?
-Si salvas la diferencia en que yo no soy prostituta y detrás de mi no tengo a ningún Edward Louis para pagar mis caprichos si, un poco si
-Aun así te has gastado una cantidad indecente de dinero.
-Cuanto de indecente?
-Mil cuatrocientos cincuenta euros
-MIL CUATROCIENTOS CINCUENTA!
-Si, piensa que estas pagando la exclusividad de KENZO
-Y tan exclusivo!!! Alberto me va a matar
-Pero no decías que no tenias un señor Louis detrás?
-No exactamente. No es quien me paga los servicios sexuales, es más, con el no tendría relaciones sexuales, toma la tarjeta y que sea lo que dios quiera
-Cuando acabes el evento para el que te has puesto así de guapo....podíamos tomar una copa, en algún local de por aquí, vamos, si te apetece....
-No se si me dará tiempo, pero si quieres en otro momento, podíamos quedar y ver si se puede sacar el traje de paseo, lo tendré que amortizar.
-Esta bien...aquí tienes la tarjeta y el recibo, espero que me llames.
-Ya hablaremos Sebastián
-Cuando quieras.
Javier se quedó un poco acobardado de las maneras tan directas de atacarle del dependiente, nunca había ejercido tal poder de atracción, por lo cual pudo deducir que más que de él en sí mismo lo que le atraía era la tarjeta de crédito del "señor Louis ", aún así le parecía un chico guapo a pesar de la indisimulada pluma, y de su poca inteligencia, ya que le dijo que le llamara cuando no le había dado el teléfono.....
Mientras paseaba de nuevo por la calle de Serrano en dirección a la tacita de te, la gente se le quedaba mirando atentamente. El traje había que reconocer que era impecable y le hacía parecer alguien más importante de lo que en verdad era, lo cual le parecía superficial y un poco altivo, fijarse en el porte de la persona más que en la personalidad, aunque el porte fuese bueno, ya que aparte de que el traje le sentaba como un guante, Sebastián se había encargado de arreglarle el cabello, y de echarle algo de perfume, así que si algo iba, era bastante más que resulton.
Cuando llego al coche , Marcos, y sobre todo Ivan, se quedaron anonadados por la presencia imponente de Javier; estaban aparcados a escasos metros del local, y Javier se acercó para dejar su ropa, y ya de paso para hablar un momento con ellos.
-Caramba Javier, pareces un maniquí
-Es lo que hacen casi mil quinientos euros
-Alberto te va a despellejar
-Dice el refrán que el que algo quiere, algo le cuesta
-Pero mil quinientos euros, madre mía, ni Julia.....
-Al que me vuelva a hablar de PRETTY WOMAN lo machaco
-Vale vale....ahora ya te van a dejar entrar no?
-Eso espero, ahora ya me parezco a todos aquellos que estaban dentro, ahora no tienen excusas
-Esta bien en cuanto entres, tu haz como que estas buscando una chica para pasar la noche, intenta no dar mucho el cante y cuando puedas te escaqueas y te vas a buscar lo que tengas que buscar.
-En eso estoy pensando, en como escaquearme
-Nunca estuviste con mujeres?
-No, nunca lo he estado
-Este tampoco, vaya dos, dios le da pañuelo a quien no tiene mocos...en fin no ofertas más el tiempo, que ya se hace tarde
-Y tu no me pierdas el ticket de la bolsa, no sea que tenga que devolver el traje
-No te preocupes, el teléfono de Sebastián esta a buen recaudo
-Que teléfono?
-El que viene aquí, parece que te ha dado tiempo en la tienda para algo más que comprarte u traje y unos zapatos.
-No digas tonterías y estad atentos, aunque que sea por una vez
Cuando Javier se bajo del coche, se acercó de nuevo a la tacita de te , y subió decidido a que esta vez si que le dejasen pasar más allá de las escaleras de mármol y del recibidor, algo más allá para poder encontrar el cuaderno verde que Barbara le había dejado allí a Victoria, y que el tenía que llevarselo para seguir buscando y continuar lo que ellas habían empezado, y, con un poco de suerte, terminarlo.
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