Javier e Iván pasaron la noche juntos, pero sin poder dormir, tenían una mezcla de nerviosismo por lo que se les venía encima, y de emoción por volver a dormir después de tanto tiempo juntos, que la noche se les hizo muy larga, y a la vez muy corta, así que para entretenerse se dedicaron a hablar de sus miedos e inquietudes ante el día siguiente, así los dos se confesaron el uno al otro
-Tu crees que nos saldrá bien todo esto?
-En que puede fallar, lo tenemos ya todo demasiado preparado, tenemos a la policía frente a nosotros Javier, me tienes a mi, en que nos podemos equivocar?
-En que exactamente no estamos solos, recuerda que el tal Vicente anda por ahí
-Vicente, en palabras de la inspectora Infante esta a buen recaudo, no te preocupes por el, no es un problema
-Y si se ha escapado? Y si le tenemos ahí cuando lleguemos nosotros?
-Y si ,y si. Que estés tranquilo Javier, que estamos protegidos, estate tranquilo por el amor de dios....por cierto, todavía no me has dicho donde me vas a llevar de vacaciones
-Pues todavía no lo se Iván, lo único que se es que será lejos, muy lejos, donde no sepamos de bárbaras, de albertos, de lambdas, y demás historias. Así descansamos los dos, que nos lo hemos ganado
-Seguro que si que lo sabes, pero no me lo quieres decir
-Que no lo se pesado! No se si quiera si vamos a salir de esta, como para saber a donde nos vamos a ir de vacaciones
-No te enfades anda
-Si no estoy enfadado!
-Anda ven aquí que me ha costado mucho tiempo tenerte así
-Te ha costado lo que has querido que te costara, pero me alegra tenerte aquí otra vez
-Y eso?
-Porque durante todo este tiempo si algo he necesitado es que tus brazos me quitaran la sensación de frío que he tenido estos días
-Ya los tienes, y está vez no te van a soltar así como así
-Eso espero
Javier e Iván se besaron, y después se dejaron llevar, hasta quedar agotados y dormidos. Cuando se levantaron, bajaron hasta la recepción del hotel con una maleta en la que llevaban las dos túnicas con las que tenían que entrar en el Palau de la música para tratar de mezclarse con el resto. Allí les esperaban Pilar y Silvia, con las cuales se subieron en el coche dirección a la comisaría. Allí les instalaron los dispositivos de seguimiento y control, y unos audífonos del tamaño de un garbanzo, los cuales fueron instalados dentro de los oídos, conectados a un micrófono el cual iba instalado en las muelas últimas de la boca. De ninguna de las maneras iban a permitir que nadie les descubriese. Cuando terminaron, se subieron al coche, y se dirigieron hacia un edificio semi abandonado, del cual tuvieron que echar a los okupas que había dentro, en el cual ya estaba montado el dispositivo de asalto. Por todas las calles aledañas había policías de incógnito, tapando cualquier posibilidad de huida de los miembros de lambda. Solo quedaba respirar hondo, recibir las últimas instrucciones, y asaltar el Palau.
-Esta buen Javier, Iván, este es el último esfuerzo que tienen que hacer. Lo primero que harán es vestirse con la ropa que les proporcionó Artur, después de eso se volarán por este pasillo, que es una galería que baja desde el cuarto de contadores del Palau hasta la cripta, donde creemos que se desarrollará la ceremonia
-Y como llegaremos a la sala de contadores sin que demos la nota?
-Es muy sencillo, ustedes no van a entrar al Palau desde la puerta principal. Van a entrar desde una puerta trasera, que va a entrar directamente a las salas de calderas, contadores, y habitaciones preparadas para el mantenimiento. Entrarán custodiados por la policía, así que nadie les interceptará
-Vale, cuando entremos en la cripta, que tenemos que hacer?
-En sus máscaras, en la zona del brillante que llevan entre los ojos, ustedes llevan instalados una micro cámara que grabará todo lo que ustedes hagan. Ustedes se tienen que limitar a NO HACER NADA . Simplemente dediquense a mantener una imagen fija de los asistentes, y de lo que hacen. Cuando dejen de recibir nuestras comunicaciones estén tranquilos. Iremos nosotros a entrar.
-Y si algo se tuerce?
-Ya lo saben. En cuanto vean o perciban el menor problema, digan fuego.
-Podemos llevar arma?
-No, usted no Javier, en cambio Iván si que la llevará, necesitamos que este protegido desde el inicio, y como usted será nuestro enlace dentro, el se encargará de mantenerle a recaudo.
-Cuando empezamos?
-Tienen cinco minutos, son las 20:40 ya, es hora de empezar
Los dos asintieron y se pusieron la túnica roja de raso que les dejo Artur, y las máscaras que les habían preparado, y bajaron por la escalera, apremiados porque el tiempo se les echaba encima. Mientras bajaban, Iván noto que las manos de Javier se movían demasiado en señal de nerviosismo, así que se las cogió y le dijo que estuviese tranquilo, que el estaba allí, y le dio un beso en la boca. Javier sonrió levemente, y se tranquilizó, y entraron por la puerta trasera del Palau.
Cuando llegaron al cuarto de contadores, un sonido de cañería que perdía agua sonaba de una manera perturbadora, pero los dos ni le prestaron atención. En el cuarto, a la izquierda, había una estantería en la cual había apilados muchos libros, algo realmente inusual para ser un cuarto en el que se vigilaba que las luces funcionaran correctamente, así que supusieron que detrás de ella estaría la puerta que andaban buscando. Movieron la estantería, y encontraron una puerta de madera oscura, y picaporte dorado. Cuando la abrieron encontraron unas escaleras muy empinadas, y una galería que estaba iluminada por antorchas. Mientras tanto, por la otra entrada a la cripta, la policía, con Silvia y Pilar a la cabeza, asentaba sus posiciones antes de entrar a la otra galería, la cual daba lugar a una sala adornada por lienzos antiguos, y rodeada de una mesa de cristal, y de sillas tapizadas en terciopelo rojo. Había un centinela custodiando la sala principal, al cual Pilar neutralizó con un golpe de culata de su arma, y allí esperaron a que Javier e Iván entrarán en la sala principal.
Cuando estos entraron, los miembros de lambda rodeaban a una muchacha, la cual estaba desnuda de cintura para arriba, y tenía cubierta la cabeza con una capucha de color rojo. Estaba de pie, sobre un círculo con la estrella de David, y tenía las manos atadas a dos mástiles, dejando los brazos extendidos. Mientras tanto, los miembros de lambda, vestidos con las mismas túnicas que Javier e Iván, iban asintiendo a los rezos que propugnaba uno de ellos, que estaba ligeramente adelantado a los demás, deshaciendo el círculo que formaban. Cuando terminaron de rezar, quitaron la ropa que cubría a la muchacha de cintura para abajo, y siguieron el mismo ritual. Cuando acabaron de rezar, cogieron pintura roja, y empezaron a dibujar círculos alrededor de la chica, así que tanto Javier como Iván cogieron uno de los cuencos, y dibujaron dos círculos alrededor de las muñecas de ella. Si allí iban a herirla, que fuese donde menos daño le pudieran causar.
Después del ritual de la pintura, cada uno de ellos empezó a realizarle tocamientos a la chica por todo el cuerpo. Empezaron a besarla, lamerla, la introdujeron las manos por sus genitales, mientras la chica gemia y sollozando, pedía que se detuvieran. El que lideraba al grupo, le dio un puñetazo en el vientre, al cual la chica dejo de quejarse, probablemente porque el puñetazo que la dio la dejo sin respiración. Javier en ese momento, que le había acariciado simplemente los brazos, tenía unas ganas tremendas de coger el arma de Iván, y liarse a repartir tiros entre ellos, y no dejar a ni uno vivo, pero se retuvo, sabiendo que en cualquier minuto, entrarían a repartir justicia las chicas con la policía. Hubo uno que intento levantarse la túnica y abusar de la chica, pero por fortuna para ella, y para alivio de Javier e Iván, el líder le dio un empujón y lo tiro al suelo indicándole que eso no era lo establecido.
En un momento dado, el líder saco cuchillos de un mueble, repartiendolos entre los demás miembros del grupo, que seguían haciendo un círculo alrededor de la chica, la cual volvía a llorar y pedir clemencia. La orden que dio es que cada uno de ellos tenía que clavarselo en las partes que habían marcado con la pintura. Javier e Iván habían marcado las muñecas, y tenían claro que serían los últimos en hacerlo, porque seguramente antes de que nadie hiciese nada entraría la policía a terminar con semejante disparate, pero todavía no entraban, y Silvia le seguía saldo instrucciones por el pinganillo a Javier para que fuera moviendo la cabeza para grabarlo todo.
La cosa se ponía fea, nadie entraba, y ellos veían que si nadie entraba iba a tener que llamarles Javier para que entrasen por la fuerza. Todos los miembros se acercaban cada vez más a la chica, apuntandola con los cuchillos, y el nerviosismo se empezaba a notar. De repente, algo cambio la situación. Vicente entro en la sala por la galería por la que habían entrado Javier e Iván, visiblemente nervioso y dando voces, a lo cual todos se quedaron quietos para escuchar lo que les tenía que decir.
-Que coño quieres Vicente, no tenias que estar aquí, tenías que estas con Rubén afuera esperando. Para que cuando te avisaramos entraseis a por la chica y deshacernos del cuerpo
-Paradlo todo ya! Paradlo todo ya! Aquí hay un infiltrado!
-Que dices Vicente eso es imposible!
-Que si que aquí hay un impostor! Artur nos traicionó a todos, y Rubén ahora mismo o esta muerto o esta detenido! Por eso tenéis que parar todo. La policía nos tiene cogidos y no tardará en llegar, o salimos de aquí o estamos todos perdidos!
-Esta bien Vicente tranquilizante. A ver, quitaros todos las caretas por orden.
En ese momento se fueron quitando todos las caretas uno a uno, siguiendo el orden en el sentido de las agujas del reloj, hasta llegar a Javier e Iván, que eran los últimos que se tenían que quitar la careta. Mientras se iban despoja despojando de ella, aparecieron ante la luz los rostros de gente demasiado conocida en el país: estaba el gobernador del banco de España, Felipe Barrios, había un ex ministro muy conocido de la época de González, el cual había visitado las obras de una autovía en un avión de combate, siendo ministro de fomento. Había diputados y senadores muy conocidos en la vida política española, banqueros, diplomáticos, incluso aristócratas que habían heredado recientemente los ducados más importantes de la nobleza española. Javier se estaba quedando atónito, pero, cuando llegaron a ellos dos, se miraron, y se decidieron a no quitarse las caretas. Mientras tanto, le dio la orden a Silvia de que entrará, de que era el momento de asaltar aquella reunión, a aquellos criminales, y a lambda, y lo hizo apretando el botón de pánico, diciendo la palabra que tenía que decir en caso de emergencia extrema.
-Fuego
Después de eso tardaron desde fuera en confirmar la orden, segundos que a ellos se les hicieron eternos, mientras el resto de los asistentes esperaban impacientes a que se quitaran la máscara. De repente Silvia contesto al mensaje, y después, todo empezó a ir demasiado rápido
-Has ordenado fuego?
-Si, fuego
-Esta bien, entramos.