Javier volvió a acercarse a la puerta del local con la seguridad de que, esta vez si, le iban a dejar pasar más allá de la barra del bar. Mientras entraba, veía como señores de avanzada edad coquetea banco con muchachas que ya no es que pudiesen ser sus hijas, es que podrían ser alguien a incluso sus nietas. Estaba pensando en la excusa que iba a darle a la chica con la que subiese a la habitación para no hacer nada, cuando do de nuevo apareció aquella camarera, Rita, para interceptarlo.
-Buenas, su cara me es familiar, en que puedo ayudarle
-Vine aquí hace apenas una hora y no me dejo entrar porque mi apariencia no era la correcta
-Pues he de decir que ahora su apariencia es poco menos que espectacular, a que se debe el cambio
-A que muchas veces las apariencias engañan Rita, de eso no le quede duda.
-Y dígame a que viene, quiere pasar una velada de lo más interesante?
-Realmente si, he visto aquí a muchachas más que bellas.
-Sabe usted lo que busca eh? Acompañeme, le invito a una copa.
-La acompaño
Javier y Rita avanzaron hacia una barra situada en la primera planta del edificio, decorada todo de cristal. Las mesas eran de forma cúbica, todas de cristal, y se iban iluminando en varios colores cada cierto tiempo. Había una pista central, donde señores de avanzada edad bailaban distendidamente con muchachas jóvenes antes de que muchas de esas parejas se acercasen al ascensor para subir a las plantas superiores, donde en teoría estaban las habitaciones donde daban rienda suelta a la pasión. Allí tenían que ir.
En cuanto se sentaron en una de las mesas, Javier se pidió un gin-tonic, el cual le fue servido en una copa de balón de pie dorado, y sabía bastante a fresa, y es que los hielos eran de color rosa, y llevaban pedazos de fresa dentro, pero se dio cuenta de que ese no era un gin-tonic cualquiera, sabía especial, se daba cuenta de que ahí las cosas se hacían con el mayor esmero, no era un bar de copas cualquiera, no era cualquier antro de los que el frecuentaba de vez en cuando. En ese momento, Rita se le acercó con una tablet, hasta en eso habían cambiado los locales de alterne.
-Mire señor, en este momento le podemos ofrecer las actividades temáticas, en las que le ofrecemos disfrutar de una noche especial en un ambiente único, según sus gustos y apetencias, y le podemos ofrecer una noche especial, en una habitación sin decorar y con una de nuestras chicas. En este momento le podemos ofrecer cualquiera de las dos actividades. Eche un vistazo a las chicas disponibles y me cuenta.
Javier se puso a echar un vistazo a las muchachas que estaban disponibles, detenidamente, una a una. Lo de tener una noche en África o en la antigua Roma, en realidad no le hacía gracia pasar la noche con ninguna, pero por lo menos había que hacer el papelón. De repente se dio cuenta de que una de las chicas, Sammy, se parecía mucho a una de las amigas que tenía Barbara, así que la decisión estaba clara, ella sería la convidada de piedra en su noche de pasión.
-Disculpe Rita
-Dígame, ya ha elegido como quiere pasar la noche?
-Si, he visto a esta muchacha, Sammy, esta disponible?
-Déjeme que eche un vistazo....si, esta disponible
-Pues es con ella con la que quiero pasar la noche.
-Pues me tiene que dejar sus datos, una tarjeta de crédito, es lo básico, para saber que las cosas van a ir en condiciones.
-Por supuesto , aquí tiene
-Perfecto, aquí tiene, es la llave de la habitación , es la número 31, usted suba, y a los diez minutos aparecerá Sammy. Que lo disfrute y pase una buena noche.
Javier se dirigió al ascensor que le llevaría a la habitación con Sammy, el cual estaba situado en el lateral derecho de la mini discoteca que había allí preparada. Cuando se metió en el ascensor, se sorprendió de que era un ascensor decorado con todo lujo de detalles, con un sofá, de terciopelo azul marino, y con música ambiental. Subía solo, y estaba hecho un manojo de nervios, porque el no sabía que le iba a contar, que historia le iba a contar para que no hubiese pasión ni roce en esa noche fría de diciembre.
Cuando el ascensor paro, se abrieron las puertas y se abría un pasillo casi interminable. Las habitaciones se abrían a los lados en puertas de color oscuro, y con marcos de estilo barroco flanqueandolas, los números de las habitaciones estaban situados al lado de la puerta, y el primero que vio fue el 39, así que tuvo que pasear todo el pasillo hasta llegar a la 31, que era la misma habitación que le había dicho victoria, aquella en la que tenía que encontrar el cuaderno.
Cuando llego frente a la puerta 31, saco la tarjeta que le había dado Rita, y la introdujo en la ranura de la puerta, cuando está se iluminó en color verde, se abrió la puerta, y se hizo la luz. La cama tenía un a colcha de raso de color crudo, y las mesillas eran de color dorado. El armario era empotrado, y las puertas hacían las veces de espejo, pero estaban vacíos. Javier no perdió el tiempo y se puso a revolver entre las mesillas, nada, solo las instrucciones de la televisión y una caja con veinticuatro preservativos, lo cual le impresionó por la gente que tenía tanto tiempo como para gastarlos todos. Reviso los armarios, nada absolutamente, vacíos por completo, no había nada, estaba limpio, alguien había eliminado cualquier rastro del pasado, aunque era lógico dado el local que era, la higiene era obligatoria.
Cuando estaba revisando por debajo de la cama, se dio cuenta de que sonaba el mecanismo de la puerta, se supuso que era Sammy, así que dejó lo que estaba haciendo rápidamente, y se sentó en la cama disimulando tranquilidad, para que cuando ella llegara , no se diese cuenta de que estaba buscando algo más que la compañía de ella.
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