domingo, 15 de enero de 2017

CONTRA SU VOLUNTAD

Javier e Iván persiguieron a aquella muchacha que acababa de asesinar a los dos guardaespaldas de Eduardo, el cual, cuando salió y vio la escena, activo la alarma y ordenó que de tuvieran a los chicos acusándoles de asesinato. Mientras tanto, los dos muchachos trataron de seguir a gran velocidad a la desconocida, la cual les había dado esquinazo saliendo por una puerta trasera y subiéndose de paquete a una moto que la estaba esperando, lo cual denotaba de que aquello no había sido casual, que todo estaba premeditado.

Cuando llegaron a la misma puerta, solo pudieron ver como la moto se alejaba a gran velocidad por la calle, y de repente se fijaron en que en el suelo la misma desconocida había dejado una imagen de los dos, en el momento en el que habían descubierto a los dos guardaespaldas, y detrás de esa foto, tomada con una de esas famosas cámaras antiguas ya en desuso por su antigüedad, había una dirección, escrita a mano con bolígrafo, la cual ellos supusieron que era el destino al que les quería llevar, pero no les dio tiempo que revisar más, ya que en ese momento llego la policía y les detuvo, acusándoles de asesinato, y llevando les en furgoneta a la comisaría.

Al llegar, a Javier y a Iván les separaron, y les metieron en dos calabozos separados, para interrogarles por separado; la celda era fría,  y el policía que les custodiaba se daba de vez en cuando un paseo por las celdas antes de sentarse de nuevo en su mesa y ponerse a escribir cosas en su ordenador. Iván salió primero, acompañado de otros dos agentes, y subió con ellos arriba. La espera se hacía interminable, y Javier se puso a pensar que en ese momento,  si su familia se enteraba de algo, el disgusto que se iban a llevar iba a ser enorme,  así que deseó con todas sus fuerzas que nadie de allí les dijese nada, al menos hasta que el pudiese hablar con ellos.

Cuando le tocó su turno, dos agentes le abrieron la puerta, y le indicaron que se levantase y les acompañase. En ese momento se levanto de la cama y les acompaño hasta arriba sin hacer preguntas. Cuando llegaron arriba, vio que Ivan estaba con Alberto y con Marian. Estaba sin esposas,  por lo cual dedujo que le habían dejado en libertad. Ahora le tocaba a el, era su turno,  y deseaba correr la misma suerte que había corrido Iván. Cuando abrió la puerta se llevó una sorpresa. Alfredo, el inspector amigo de su padre, y la inspectora Silvia Infante estaban allí esperándole.

-Siéntate, tenemos que hablar
-Lo siento Alfredo, siento haberte metido en esto.
-Eso es lo de menos,una vez que me entere vinimos los dos a la carrera para ayudarte
-Estoy acusado de algo?
-Afortunadamente no. Las cámaras de seguridad vieron como era esa muchacha la que había disparado a los dos guardas, así que no podemos acusaros de algo que no habéis hecho, aún así me preocupa pensar en que estáis metidos, espero que no te hayas metido en algún problema gordo
-No,  afortunadamente no, simplemente estoy haciendo una investigación privada, nada más,  y de momento,  nada en contra de la ley.
-Y dígame señor santos, usted puede decirnos de quien se trataba la mujer que disparo a esos dos hombres?
-Si se lo digo no creo que se lo vaya a creer
-Inténtelo
-Barbara de Tomás
-Es imposible,los fantasmas no existen
-Pues yo le digo que aunque no se lo crea, era ella, de eso estoy seguro, yo la vi morir en mis brazos, me acordaré de sus ojos toda la vida.
-Lo único que yo creo, es que la investigación que hacemos nosotros lleva un camino hasta encontrar a su asesino, y que ustedes dos,  están empezando a convertirse en un estorbo.  No les puedo pedir que se aparten, salvo que ustedes hagan algo que este fuera de la ley, pero si puedo hacer que estén vigilados en todo momento, tengo que pedirles escolta?
-No es necesario señora Infante, esto se acabará pronto
-Así lo espero, no me gustaría tener que detenerles por obstruir la labor policial, y menos a usted, que no tiene nada que ver con esta labor de defensa de la ley, pero no me gustaría arruinar más la carrera del teniente coronel Ledesma
-De quien, de Iván ?
-Si, de Iván,  tiene el expediente bastante turbio, esto sería su puntilla en el ejército
-Creo que sabremos donde estar.
-Más les vale, por su propio bien. Puede retirarse
-Espera
-Dime Alfredo
-Por tu propio bien, prometeme que te vas a quitar de esto
-No puedo hacerlo Alfredo, esto ya ha llegado unos términos en los que ya no se puede parar.
-Pues prometeme que vas a tener cuidado, y que no te va a pasar nada
-Lo intentaré
-Ya hablaremos, ahora puedes irte

Cuando salió, Alberto y Marian ya se habían marchado, solo quedaba Iván, el cual se acercó a Javier cuando salió por la puerta. Quiso abrazarlo, pero un extraño pudor se apoderó de él, cuando iba a hacerlo, así que se limitó a agarrarle por el brazo de manera amistosa para reconfortarlo, a lo cual Javier respondió con una inusitada frialdad

-Que tal estas, que te han dicho?
-Que tengamos cuidado, señor teniente coronel
-Quien te ha dicho eso?
-En esta vida todo termina sabiéndose Iván,  así que me enteraria tarde o temprano
-Pero no hacía falta que dijeran que soy un alto rango del ejército
-Y que tienes el expediente turbio? Por que Ivan? Me tengo que seguir fijando de ti?
-Te lo explicaré de camino a casa
-Y si no quiero ir contigo?
-Por favor Javier, ven conmigo, solo así puedes estar seguro, fiate de mi, por favor
-No se de quien me tengo que fiar,  de quien no, de si esto me lleva a algún lado, de si la chica que mató a esos dos era la misma que tengo que encontrar a su asesino, y me pides que confíe en ti, que no me dices la mitad de lo que quiero saber?
-Te podría decir mil cosas, me muero de ganas de hacerlo, pero ante todo quiero protegerte
-Como vas a hacerlo si no se si eres tu el que lo vas a hacer?
-Eso no podría hacerlo aunque quisiera.
-Como?
-Sube al coche, por favor
-Tengo miedo, miedo a no poder ver más a mi familia, a que les pierda,  les pase algo, a que me pase algo, a que nos pase algo,yo no se si puedo seguir con esto
-Yo también le tengo
-Y como lo superas
-Sabiendo que tu estas ahí. Ahora sube al coche

Al final Javier subió al coche, y los dos se alejaron a gran velocidad en dirección a la mansión de Alberto. Lo que iba a ser un viaje lleno de preguntas, fue un viaje en silencio, propiciado por el sueño que se apoderó de Javier,  por lo cual, Iván en una parada le colocó la gabardina para que no pasará frío.  Cuando llegaron, Iván le puso en su cama, deseando que pasará el día y empezase el siguiente, para empezar a contarle cosas, y empezar a aclarar bastantes dudas de Javier.

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