Alfredo tenía un extraño sentido de la amistad. Por mucho que su cargo le exigirse un cierto cumplimiento de las normas, sabía que ante la necesidad de un amigo cualquiera que sea iba a estar allí, aunque eso su pusiese tener que saltarse un poco cualquier procedimiento obligatorio de su cargo.
Esa mañana acudió a su despacho puntual, como siempre, a la comisaría central de la ciudad; su despacho, el más grande del centro, guardaba perfecta relación con el cargo que el ostentaba: salones de cuero, una mesa de madera con incrustaciones de marfil, todas sus condecoraciones de Alfredo colgadas en la pared....por allí pasaban desde el alcalde hasta las personalidades más importantes de la ciudad, ese despacho tenía que ser un fiel reflejo del cargo que ostentaba.
Una vez que encendió su ordenador, metió su clave, y una amalgama de correos electrónicos surgieron a la pantalla como palomitas en un microondas; había estado unos días de vacaciones, y un montón de tareas se le habían acumulado en su ausencia, ya que el detesta que alguien se encargue de sus asuntos en su ausencia, pero eso no es lo que le importaba en esos momentos todas las menudencias de las que hablaban los correos tenían que esperar, había algo que le llamaba más la atención.
De una manera inesperada, el caso de la chica de Javier le había llamado la atención, no en vano era el hijo de uno de sus mejores amigos quien había descubierto tan horrible situación, y en el fondo las intenciones de Javier le parecían nobles, por lo tanto nada perdía por echar un vistazo al expediente del caso y encontrar el nombre de la mujer.
Cuando encontró el expediente no obstante, le entro una pequeña duda de si hacia lo correcto, pero, sabiendo que Javier no estaba involucrado ni trabajaba para la policía, y que tenían entre ellos un extraño código de honor y de la amistad en el que ninguno de los dos se iba a molestar en el trabajo del otro, pensó que sería lo adecuado darle esa oportunidad. Pero cuando abrió el expediente, que estaba recién subido a los ficheros policiales, una mueca de disgusto se apoderó de su cara.
El nombre era lo de menos, así que lo apunto en un papel, pero lo que encontró le llamo poderosamente la atencion: la muchacha se encontraba completamente desnuda, algo que era más que obvio, y la tuvieron que identificar por una muestra de sangre y por la ficha dental; la causa de la muerte era probablemente, una evisceracion debido al corte que había sufrido desde el pecho hasta la región púbica unido a una gran hemorragia por el mismo motivo, presentaba multitud de llagas en la piel, pequeños cortes realizados con una hoja de menor grosor a la del corte principal, así como una sección en el pezon derecho y múltiples marcas de cigarrillos; la hora de la muerte era la 1: 45 am, hora en la que perdió la vida en brazos de Javier supuso, pero hay un dato más que le llamaba la atención
La víctima no tenía muestras aparentes de abuso sexual , por lo cual el móvil sexual quedaba zanjado, pero le choco sobre todo el hecho de que cabía la posibilidad de que la víctima estuviese en avanzado estado de gestación, por lo cual de darse serían dos asesinatos, y no uno, los que se habían producido, pero... y el nonato?
Cuando termino de leer el informe e imprimirlo, Alfredo se tomó una copa de whisky para aplacar el mal cuerpo que le había dejado semejante información, y entonces empezó a pensar que igual no era adecuado contarle a Javier según que cosas, así que decidió retocar el informe, y maquillar los datos de forma que Javier recibiese solo la información que lo dejaría tranquilo; cuando lo termino, cogió el teléfono y se dispuso a llamarle
-Javier soy Alfredo
-Dime Alfredo que tal
-Oye quería quedar contigo para darte unas cosas de los chicos para los pobres y así charlamos
-Yo ya no llevo el tema de la recogida de ropa pero se,lo llevo a quien lo hace, donde quedamos?
-En la puerta de tu casa a eso de las cuatro?
-Perfecto y así subes a ver a mi padre que quiere verte
-No se si me dará tiempo pero lo intentaré, venga Javi te veo luego
-Hasta luego Alfredo!!!
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